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Cuando menciono mi experiencia con el tumor, hay una pregunta que me hacen invariablemente: “Que sentías, cómo supiste del tumor?”

Los esporádicos dolores de cabeza, mareos, desorientación, falla de la memoria, insomnio y otros más nos ocurren a casi todos. Y nos preocupa saber si podrían implicar una enfermedad similar. Hay algunas cosas que nos inquietan sobre el tema:

  • “Cuanto tiempo pasó entre los primeros síntomas y el diagnóstico?”
  • “Cuanto tiempo pasó entre el diagnóstico y la cirugía?”
  • “Secuelas de la cirugía?”
  • “Es posible que el tumor crezca de nuevo?”

Voy a tratar de clarificar algunas de ellas basado en mi experiencia y el conocimiento adquirido a través de ella. Y precisamente porque mi preparación académica y técnica no es en medicina o psicología, mis vivencias y aprendizaje me permiten aportar un punto de vista más práctico.

A diferencia de los profesionales de la medicina, no estoy influenciado por las “verdades” aprendidas en los claustros universitarios ni limitado por los procedimientos y regulación que deben seguir los médicos.

No voy a hablar mucho sobre los hechos médicos y estadísticas. Esta información está ampliamente disponible en línea. Los datos son muy parecidos. Existe una especie de consenso general sobre los hechos comprobables.  números y predicciones. Prefiero enfocarme en el lado opuesto de la ecuación. En todas las estadísticas existen márgenes de error, y sin excepciones no habría reglas. En estas zonas siempre hay esperanza. El pesimismo puede hacer de cualquier condición un mal catastrófico, mientras el optimismo puede desafiar todas las predicciones.

Las estadísticas generalmente son usadas por la comunidad médica de manera pesimista, y como una gran oportunidad de negocios por la industria farmacéutica. En este tema ciertamente hay hechos irrefutables, pero hay mucho de predicción y especulación. En algunos casos su validez depende de posiciones personales. Para las grandes compañías fabricantes de medicinas mantenernos con miedo es un buen negocio.

Dicen que la tasa de supervivencia de pacientes con tumores cerebrales es de 35 %. Desde mi punto de vista, como paciente afectado por un tumor, esto siempre significó la posibilidad de vivir. ¡No todo estaba perdido!

Mientras estemos vivos, no estamos muertos.

Aquí hay un pequeño fragmento del capítulo #1 de mi libro FELIZ en la adversidad

CUANDO LLEGAN LAS MALAS NOTICIAS

“De un momento a otro siento como si mi cabeza estuviera en una caja o un túnel. Todos los sonidos tienen un eco extraño. Entonces sé lo que viene. Pareciera como si el alma abandonara el cuerpo. La sensación empieza por los pies, sube lentamente y me debilita brazos y piernas. Al mismo tiempo percibo un olor y un sabor particulares; el pecho se siente vacío.

En un par de segundos mi alma sale por la cabeza, deja cálida la base del cráneo y escalofrío en el resto. El ritmo respiratorio se acelera ligeramente; supongo que el cardíaco también. Es una sensación bastante desagradable, pero los sentidos no se afectan: en ningún momento pierdo la habilidad para conducir, caminar o hablar. Esto pasa una o dos veces al día. Además de estos episodios, también siento como si estuviera al borde de un abismo; son sensaciones incómodas, pero pasajeras. Y siempre regresan”

¿Qué hacer con los síntomas?

Los siguientes son posibles indicios de tumor cerebral:

Dolores de cabeza, problemas de equilibrio, cambios de temperamento, falta de concentración, vomito y nausea, fallas de la memoria, cambios en la visión, en el oído, dificultad para hablar, cosquilleo, debilidad, rigidez muscular, cansancio, insomnio, ansiedad, tristeza, apatía, agresividad, irritabilidad, convulsiones, adormecimiento de extremidades, movimientos involuntarios y otros más.

Es importante recordar que estas cosas NO NECESARIAMENTE son indicación de tumor y que NO TODOS los afectados sienten esto. También podrían ser causadas por muchos otros trastornos de salud benignos y pasajeros.

Nadie sabe con exactitud por qué se crean los tumores y nadie puede predecir su crecimiento y comportamiento.

En general siempre que sintamos algo inusual, deberíamos consultar al médico por prevención.

Para evitar frustraciones y molestias debemos entender que, en el proceso de diagnóstico, los practicantes de medicina tradicional están obligados a seguir procedimientos para descartar posibilidades. No se pueden saltar este protocolo y no se pueden arriesgar con procedimientos alternativos. Sus carreras y credibilidad (y en algunos casos la vida de sus pacientes) están en juego.

Y una vez encontrado el mal, su obligación ética es usar la información y herramientas que están a su alcance.

Insistamos en descubrir las causas de nuestras dolencias SIN caer en pesimismos ni especulaciones.

Encontrar este equilibrio no es fácil, pero es posible. Y requiere de mente clara y tranquila.

¿Cómo podemos ayudar a los médicos y a nosotros mismos en el proceso?

  • Llevar un diario de síntomas y su frecuencia
  • Investigar medicina y tratamientos alternativos (no para reemplazar las acciones tradicionales que sean necesarias sino para complementarlas)
  • Acatar las instrucciones, pero no creer todo lo que nos dicen
  • Mantener la calma (meditación, yoga, silencio)
  • Llevar una vida sana (alimentación, ejercicio, descanso)
  • Iniciar un proyecto de crecimiento personal que incluya el desapego (la lectura es un excelente comienzo). El efecto de nuestras emociones y pensamientos sobre la fisiología es increíble.

 

Yo no seguí las indicaciones médicas al pie de la letra, pero las respeté. Y tuve la fortuna de encontrar el punto de equilibrio entre acatar y “desafiar” las recomendaciones médicas.

Y el resultado fue asombroso. Ninguna de las predicciones se cumplió. No tuve que reaprender a caminar ni a hablar. Todos mis procesos fueron más rápidos de lo que me dijeron. Volví al trabajo solamente dos meses después de una cirugía de 10 horas para extraer un tumor de 4.6 cm. Y en cada control con médicos de diferentes disciplinas escucho lo mismo: ¡¡Usted tiene una suerte increíble!!

Indudablemente la suerte cuenta, pero hay algo más: el trabajo a nivel emocional; el cuidadoso rediseño del sistema de creencias y percepción de la realidad. Einstein dijo que no se podía resolver un problema con la misma mentalidad que lo creó. Esa fue la clave: cambiar completamente la forma de ver la enfermedad y la vida en general.